Partiendo
de Luarca, al igual que los antiguos peregrinos, ascendemos por la empinada
y sinuosa calle de la Peña. Desde sus curvas se tienden hermosas
perspectivas de la Villa, que alcanzan su máximo esplendor al
llegar a la capilla de San Roque, en el barrio de El Chano.
Diseminados por la rasa costera, se encuentran los pueblos de Otero,
La Corripia, Ribadebajo, Ribadecima y San Martín, donde podremos
visitar el museo etnográfico, de éste último sale
también el camino a la recogida y solitaria playa de Taurán.
En San Justo se encuentra el Palacio de los Menéndez de Luarca,
construido entre los siglos XIX y XX, cuyo estilo recuerda los modelos
franceses de la época. Rodeado de amplia finca, y con capilla
blasonada, guarda en su interior una valiosa talla de la cabeza de San
Juan Degollado, del siglo XVII (es propiedad particular).
Llenas de encanto se encuentran -al borde de la carretera que conduce
a Taborcías- las ruinas de la antigua iglesia de Santiago, de
cuya existencia hay noticias en el siglo X. El dintel de la puerta principal
está constituido por una losa sepulcral, que probablemente sirvió
de tumba a algún peregrino.
En Taborcías está el Palacio que perteneció -en
otro tiempo- al linaje de los Sierra y a una rama de los Abella, hoy
propiedad de la familia Villalaín. Construido en el siglo XVII,
se reformó en el siguiente. Alberga en su capilla una hermosa
talla de la Dolorosa, atribuida a Juan de Juní o a su escuela,
y dos imágenes de Santos Juanes (es una propiedad particular)
Con la mayor atención posible y las necesarias precauciones saldremos
a la N-634, en cuya larga recta se desgranan los pueblos de las parroquias
de Santiago y Otur, en cuyas iglesias de estilo Neogótico se
conservan notables retablos y tallas barrocas. El cooperativismo y la
pujante actividad ganadera, sitúa a esta zona en una privilegiada
posición dentro del sector vacuno a nivel nacional, lo que, unido
a una importante oferta de infraestructura turística, convierte
a esta franja de la rasa costera en uno de los lugares con mayores perspectivas
de desabollo en el concejo de Valdés.
Cuenta Otur con muy buena playa, sumamente concurrida en época
veraniega. Otras playas cercanas son la de Sabugo y Barayo, donde es
posible la práctica del nudismo; playas que unen a su espectacular
belleza un alto valor ecológico y geológico; así,
en el acantilado de las Crucianas, que cierra la playa de Sabugo por
el Este, son apreciables pistas fósiles, mientras que en el de
la Golgona, que la cierra al Oeste, nidifican el halcón peregrino
y los ostreros. Por la Punta del Cuerno, en un atractivo recorrido a
pie, se puede llegar a la playa de Barayo, cuya albufera conforma -con
sus dunas y marismas- uno de los hábitats más singulares
del Principado, la playa de Barayo está considerada Reserva Natural
Parcial.
Desde la marina emprenderemos el camino hacia el interior del concejo,
tomando para ello, en el final de la recta, la AS-37. Sube esta carretera,
siguiendo el cauce de los ríos Barayo y Vidural, hasta el alto
del Vidural, límite con el concejo de Navia. Tanto desde Boronas
como desde La Artosa o Busantiane, se nos ofrecen hermosas panorámicas
de la costa y valles interiores, que continúan siguiendo la pista
que parte de La Artosa y lleva a El Vallín. No hay que perderse
la visita a El Vallín, pues allí la visión alcanza
los límites de los sublime. Cuenta con acceso asfaltado desde
Moanes (parroquia de Santiago).
Nuestro siguiente destino será la parroquia de la Montaña,
la cual es conocida desde antaño como la Montaña del Río
Negro, ya que en sus sierras nace el río que acabará vertiendo
sus aguas a la mar en Luarca. La subida, por la carretera AS-36, parte
de la villa, siendo posible desde el Vallín, conectar con esta
carretera por un camino asfaltado que llega a la braña de Arnizo.
Desde Arnizo parte una pista de tránsito difícil, lo cual
requiere conocer muy bien su estado, informándonos de ello en
el pueblo. Desemboca la pista en la AS-36, en los Conqueros. Desde este
lugar, cuyo nombre quizás derive del antiguo oficio de la elaboración
de utensilios de madera, se divisa Belén, centro de la parroquia,
al que ascenderemos por la sinuosa carretera, dejando en nuestro camino
las aldeas de Cercenadas, Tejedales y Ordovaga.
Belén, curioso nombre para un pueblo, que nos hace intuir que
se mezclan en él la tradición cristiana con las antiguas
resonancias del ancestral dios Belenus. Hasta hace pocos años,
se mostraba allí un Belén viviente -de gran fama en toda
la comarca- en la Navidades.
Al laso de la plaza, la antigua capilla -hoy iglesia de San Salvador-
conserva la primitiva cabecera, con sus arcos apoyados en decoradas
ménsulas . En la iglesia se guardan varias imágenes antiguas
de gran expresividad, destacando las de El Salvador, El Crucificado
y San Roque.
Frente a Belén se alzan -orgullosos- el pico del Estoupo y, por
encima de los mil metros constituyendo el techo del concejo, el pico
de Capiecha Martín, en cuya ladera se tiende Buseco, lugar de
obligada visita, al ser considerado como una de las más representativas
brañas vaqueiras:
La brañina de Buseco
Nun ya, non, de las piyores,
Tien mocinus cumu pinus
Ya mocinas como flores
Nuestro itinerario continuará hasta el Alto de Segredal, límite
con el concejo de Villayón, siendo los jalones de una ruta -cuya
belleza y soledad quedarán en nuestra memoria- los pueblos de
Rebollares, Fuentenavia, La Degollada, Piñeros, Siñeriz,
El Mazo, Valleancho y la recóndita braña de Concernoso.
El regreso a Luarca se hará por la AS-36, pudiendo optar -después
de Menudero y antes del cruce de Paladeperre- por desviarnos a la izquierda
para -por Godón y San Pelayo- llegar a Setienes, y de allí
a la Villa. Antiguas casonas blasonadas, pequeñas ermitas, hórreos
y paneras se muestran en esa bajada llena de atractivas panorámicas
de la costa.